Según un decreto del Ministro de la Curia Provincial de Santiago de Compostela de los PP. Franciscanos, Fr. José González González, con fecha del 10 de Enero de 2003, se concede a la Hermandad Franciscana de la Virgen de la Piedad de la ciudad de Palencia la autorización para que, en las procesiones de Semana Santa en que participe, los Cofrades puedan usar un hábito semejante al de la Orden de Frailes Menores.

            

Así pues, el hábito de la Hermandad se compone de:

- Túnica de color marrón franciscana, con botonadura continua.

- Capa de color marrón, con el emblema del Abrazo Seráfico.

- Capirote de color marrón, o capucha franciscana para las procesiones puramente penitenciales.

- Medalla de la Hermandad, con el Abrazo Seráfico de acabado color plata y cinta marrón.

- Cordón franciscano a modo de cíngulo, con los tres nudos.

- Manguitos de color marrón, igual que la túnica.

- Guantes de color blanco.

- Corona franciscana colgada del cordón al lado contrario del que cuelguen los tres nudos.

- Calcetines de color marrón.

- Zapatos negros o marrones, sandalia marrón (en este caso sin calcetines) o descalzo.

            

Las hermanas además pueden optar por la siguiente uniformidad:

- Peineta

- Mantilla negra o blanca, según el día que sea.

- Medalla de la Hermandad, con el Abrazo Seráfico de acabado color plata y cinta marrón.

- Traje o vestido color negro.

            

El hábito franciscano es un signo de penitencia y conversión. El hábito franciscano, según como lo concibió San Francisco, exige el despojarse del “hombre viejo” para tomar un nuevo hábito, imagen de la vida nueva que se pretende comenzar. En las Órdenes franciscanas, el hábito señala un compromiso con un nuevo estilo de vida y un desprendimiento de las viejas costumbres con renovación de los votos del bautismo. En estos casos, recibir el hábito es vestirse del mismo Jesucristo, es comprometerse a tomar la vida e Cristo como ejemplo y a hacerla nuestra norma de conducta. Este signo de la toma de hábito es realmente una imagen de lo que se debe interiorizar en el corazón.

            

El cordón que llevan los franciscanos, usado antiguamente para atarse el sayal o hábito, lleva tres nudos que representan los fundamentos de la vida franciscana que instituyó San Francisco al crear la Orden Franciscana, que son nombrados, de arriba hacia abajo, pobreza, castidad y obediencia.

            

La Corona es una devoción muy arraigada entre los franciscanos, iniciada en torno al 1422, cuando un joven devoto de la Virgen María ingresa en la Orden y, por recomendación de aquélla le dedica la oración a modo de una corona de flores y lirios. En la oración se recuerdan las Siete Alegrías de María Santísima, que son: La Anunciación por el Ángel Gabriel, la Visita a su prima Santa Isabel, el Nacimiento de Jesús en el Portal de Belén, la Adoración de los Reyes Magos, María y José encuentran a Jesús en el Templo, María ve a Jesús Resucitado y la Asunción de María y su Coronación como Reina de los Cielos y tierra. Muchas veces, el collar de cuentas va colgado del cordón del hábito de los franciscanos debido a su arraigo.

            

            

Un escudo para la Hermandad: el Abrazo Seráfico

            

El significado de este emblema es la conformidad de San Francisco de Asís con Cristo: el Crucificado del Alverna con el Crucificado del Gólgota. Hoy en día, tras muchos cambios en este símbolo, el brazo de San Francisco aparece a la izquierda, vestido con el hábito, mientras que el de Cristo, situado a la derecha, está desnudo. Al fondo, una cruz (puede ser una Tau franciscana) completa la escena. Los brazos aparecen ambos estigmatizados, e incluso en ocasiones clavados a la cruz, como símbolo de una conformidad plena entre ambos. Este símbolo ha sido tomado como emblema de toda la Orden Franciscana.

            

Este emblema, además de ser el escudo de la hermandad, aparece en el estandarte y en una guía (la otra contiene el símbolo de la cruz desnuda) además de representarse en la capas de los cofrades y en sus medallas.

            

            

La "Tau" griega, Cruz franciscana

            

La letra "tau" griega corresponde a la T latina. el Papa Inocencio III, contemporáneo del santo de Asís, convoca el concilio de Letrán ante la necesidad de una reforma urgente y profunda. En la sesión de apertura, invitó a todos los cristianos a aceptar la letra "tau" como símbolo de la urgente renovación espiritual, tan necesitada en la Iglesia del S. XIII. Ante aquellas palabras, que además querían asemejar la forma de la letra a la crucifixión de Cristo, San Francisco, que asistía al concilio como invitado, se sintió profundamente conmovido, y tomó como insignia la "tau", no tanto como insignia de la reforma promovida por el papa, sino como símbolo de su vocación y la de sus seguidores. La "tau" fue su rúbrica, y con ella marcó sus cartas y los lugares que visitó. Llevar la "tau" significa una entrega total a la vida según el carisma franciscano. 

            

            

El Cristo que habló: San Damián

            

Este Cristo, la imagen más extendida en toda la cristiandad de Cristo Crucificado, es un icono de un personaje desconocido, pintado en torno al 1100 d. C. Posteriormente, fue pegado a una madera para su mejor conservación. Estaba situado en el ábside del pequeño oratorio de San Damiano, ubicado a las afueras de Asís, cuando, en 1205, habló a San Francisco, exhortándole a reparar su maltrecha iglesia. Hoy en aquel lugar se encuentra una réplica, ya que el original se ha trasladado a la Basílica de Santa Clara. La obra es un icono, plenamente simbólico, en el que se relata la Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión del Señor, de estilo románico, con influencias bizantinas y orientales.

            

            

Una devoción franciscana: las Cinco Llagas

            

El año 1224, después de renunciar San Francisco el generalato y haber admirado al mundo con sus virtudes y milagros, se retiró al monte Alverna. Una mañana, en Septiembre, hallándose en oración, se sintió tan abrasado en incendios del divino amor y con deseos de imitar a Jesús Crucificado, que de repente vio bajar de lo más alto del Cielo un Serafín en figura de Cristo Crucificado, que  vino a dispararse sobre él, y después de la visión dejó en su corazón una impresión maravillosa, y al mismo tiempo en el cuerpo las misteriosas llagas en los pies, manos y en el costado. Ocultó San Francisco esta maravilla por algún tiempo; pero después las manifestó con varios milagros. Así pues, el emblema de las llagas nos recuerda este hecho.

            

            

            

                                             

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