Sábado de Perdón, por V. Lafuente

            

Se oscurece el cielo en la tarde del Sábado de Pasión. La ciudad despierta a una nueva Semana Santa. El toque fúnebre de la campana anuncia el cortejo que, a modo de dramático testimonio, avanza lentamente, extramuros de la ciudad, buscando el íntimo y fervoroso recogimiento de barrio.

            

Sobrecogedor es el silencio que, únicamente rasgado por el estertóreo sonido de las carracas, crea un clima de honda profundidad religiosa, invitando a una oración solitaria, cargada de sentimiento.

            

La noche y sus tímidas luces realzan las siluetas penitentes, creando un monacal ambiente que refleja el dolor severo, austero, franciscano, con que los cofrades acompañan a la Madre, que, al compás de un tambor destemplado, camina buscando el arrepentimiento de sus hijos.

            

Todo llegará… La acertada expresividad de Su rostro, ensimismado de tristeza por la pérdida y la ausencia, es una interpelación hacia el interior de cada uno, que empuja a una reconciliación para que, de esta manera, en esta noche que se avecina, una vez desclavados de nuestras cruces diarias, podamos reposar también en sus brazos, como el propio Cristo, acogidos por su inmensa misericordia.

            

Mañana será el día gozoso en que la mayor de las historias de entrega y amor comenzará a escribirse con letras de sangre y llanto.

            

Hoy aún es Sábado de Pasión, sábado de dolor, sábado de perdón…

            

            

Programa de Semana Santa 2006, por F. Caballero

            

La más joven procesión palentina desfiló por primera vez en el 2005 tiene, sin embargo, un gran contenido religioso. El objetivo que persigue es que los cofrades y los fieles en general realicen el primer acto de penitencia, la confesión, para comenzar la Semana Santa libre de pecado y, en consecuencia, con el perdón de Dios. El concepto de piedad se entiende en esta procesión en una doble dirección: la obediencia de quien se confiesa para cumplir con uno de los sacramentos más importantes de la vida cristiana y la generosidad de quien confiesa para otorgar el arrepentimiento.

            

El acto penitencial es comunitario, en el interior del templo. La cofradía organizadora, la Hermandad Franciscana de la Virgen de la Piedad, ha querido que esta procesión desfile cada año por un barrio de la ciudad para hacer extensivo este acto de penitencia al mayor número de palentinos. La vivencia más intensa de la Semana Santa parte de la condición de que la persona tiene que estar sana espiritualmente, y ello no puede venir más que de la reconciliación con Dios delante de la imagen que representa al hijo muerto después de ser bajado de la cruz en brazos de su madre, dramática escena que en el lenguaje artístico se conoce como la Piedad, mientras que en el espiritual significa obediencia, humildad y amor filial.

            

            

Pregón de Semana Santa 2006, por A. Martín Valbuena

            

El camino de la Cruz comienza en Palencia en la tarde del Sábado de Dolores. Capas y túnicas planchadas, olor a naftalina y muchos y buenos deseos de lo que queda por delante. Nuestra Madre la Virgen de la Piedad hace su primer recorrido por los barrios. Y acompañamos todos a los pardos hábitos franciscanos. Es el primer aldabonazo para recordar su amargura de días después, de la piedad para con los hombres tras la ejecución de su Hijo; el primer recordatorio de aquel día en que Él la hizo Madre Nuestra. "¡Ahí tienes a tu madre!". Nos da a su Madre en un acto de reconciliación perfecta.

            

            

            

                                             

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